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26/10/2011

Taller i debat “Violències de gènere als espais alliberats”

Taller i debat aquest Dijous 27 Oct a les 19h
“Violències de gènere als espais alliberats”
Dinamitzat per l’Assemblea Octubretransbcn

Universitat Lliure La Rimaia, Ronda Sant Pau, 12 Paralel

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Taller y debate este jueves 27 oct a las 19h
“Violencias de género en los espacios liberados”
Taller y debate dinamizado por la asamblea Octubretransbcn

Universitat Lliure La Rimaia, Ronda Sant Pau, nº12, Paralelo

http://octubretransbcn.wordpress.com

21/01/2011

Comunicado/Comunicat de l’assemblea de vivenda de Barrilònia

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en català després de la versió en castellà
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------------- castellano -------------

Desde la Asamblea de Vivienda de Barrilonia se denuncian a dos agresores en los comunicados que encontraréis a continuación. Como asamblea están elaborando material escrito para explicar y reflexionar sobre estos hechos. Nos alegramos de que se mantengan posturas políticas activas respecto a estos temas ya que es la única forma de posibilitar un cambio en las actitudes que tenemos en nuestras relaciones diarias.

Ánimo y un saludo a La Asamblea de Vivienda de Barrilonia.

http://mambo.pimienta.org/2011/01/05/comunicado-en-todas-partes-se-cuecen-habas


Comunicado de La Asamblea de Vivienda de Barrilonia ante las agresiones suscitadas en nuestro entorno: “En todas partes se cuecen Habas”

Desde el comienzo de la okupación de Barrilonia, en junio de 2009, han habido diversas agresiones sexuales y sexistas, cometidas por personas del entorno directamente cercano a la casa (CSOA) o que en aquel momento vivían ahí. Desde la asamblea de vivienda de Barrilonia hemos tomado la decisión de hacer público lo siguiente:

Cesar Zúñiga, miembro del CSOA Barrilonia y del colectivo Barrikada Zapatista, agredió sexualmente en momentos diferentes del verano del 2009, a tres compañeras que vivían en la casa. En noviembre del mismo año las personas agredidas explicaron lo que había pasado en una asamblea de mujeres de casa. En ese momento se decidió negarle a Cesar el acceso a la vivienda (que aunque no vivía en la casa, participaba activamente en la vida comunitaria de la misma). Al comunicarle la decisión a Cesar, él reconoció el “acoso” a dos de las compañeras pero no reconoció la tercera agresión, más grave que las otras dos-si caben clasificaciones- dado el alto grado de confianza que había entre él y la persona agredida y teniendo en cuenta la situación de vulnerabilidad en la que ella se encontraba al momento de ser agredida (estaba dormida). En una asamblea extraordinaria de vivienda se
descubrió el doble juego que Cesar estaba llevando a cabo: por un lado admitía la tercera agresión delante de la persona agredida mientras que al mismo tiempo negaba los hechos a la gente de su colectivo (Barrikada Zapatista), tildando la medida de la casa de “complot político” e intentando así salvar su propia imagen y abrir la posibilidad de cuestionar la acusación de agresión. Sólo a partir del momento en que quedó en evidencia esta jugada, él admitió todos los hechos.
Desde que se supieron las agresiones cometidas por Cesar, hubo diferentes posicionamientos dentro de la casa sobre el tema, tanto en relación a la respuesta que como colectivo de vivienda se había de dar ante las agresiones sexistas y sexuales, como a la posibilidad de abrir o no un proceso de dialogo con el agresor. Lo que se asumió como un mínimo colectivo, es que Cesar no entrara en la casa, mínimo que se mantiene hasta el día de hoy.
Meses más tarde, en abril, Cesar hizo una petición escrita para compartir con la gente de la casa un proceso de reflexión sobre lo que había pasado, manifestando la voluntad que tenía de “reparar el mal” que había hecho. Después de una reunión con él, se desestimó la posibilidad de realizar un proceso de reflexión conjunta, ya que no se vio que tuviese él una voluntad real de cuestionar sus acciones y actitudes, ni valorar la gravedad de la situación. Teniendo en cuenta, entre otras cosas, que en la citada reunión él ponía como requisito para iniciar esta reflexión colectiva, su readmisión en la vivienda.
La organización interna de Barrilonia funciona de tal manera que el CSOA y la vivienda están gestionados por asambleas diferentes y totalmente independientes una de la otra (con pocas personas que formen parte de ambas) y actualmente estos dos espacios están incomunicados físicamente. Así, Cesar está expulsado de la vivienda, pero al día de hoy continúa con su actividad normal en el CSOA. La ausencia de posicionamiento respecto del tema por parte de la asamblea del CSOA es fruto del papel central y de poder del que Cesar goza en este espacio; así como de la falta de reflexión entorno a las agresiones sexistas y los roles de género por gran parte de personas que configuran el CSOA. Hechos que le suponen la complicidad y el apoyo que le ha ofrecido y le ofrece la mayoría de la gente del CSOA.
La otra agresión que queremos mencionar, fue la cometida por parte de Khalifa, conocido en algunos movimientos sociales como “el Clandestino” cantante de hip hop antiracista. A finales de septiembre de 2010 una habitante de la casa expuso a la asamblea de vivienda la agresión sexual perpetrada por parte de éste, abusando del momento de vulnerabilidad física en la que se encontraba la persona agredida y traspasando los límites que ella estaba marcando. La asamblea de la casa tomó la decisión de expulsarlo, siguiendo la línea en contra de las agresiones que estamos tejiendo. La primera reacción de Khalifa fue negar los hechos y tomar una actitud prepotente y de negarse a escuchar sin querer entender la gravedad de la situación. Unos días después Khalifa y la persona agredida se encontraron en la calle y él reconoció los hechos pero mantuvo su postura de no considerarlo como una agresión. Este encuentro derivó en una persecución con amenazas por parte de él. Esta expulsión tampoco fue bien recibida por una parte de la gente del CSOA que, empatizando con la figura del agresor y acusando de racista la decisión tomada por la casa, llegaron a considerar en el mes de noviembre la posibilidad de darle techo en el local, aunque finalmente se desestimó.
Dado el largo y duro proceso que se ha vivido (y todavía continúa) en la casa en relación al posicionamiento que cada quien toma frente a las agresiones sexuales y sexistas, no es hasta hoy que se ha dado la situación de poder hacer público, como colectivo, toda esta historia a través de este comunicado. Este proceso ha generado grave rupturas internas, conflictos sin marcha atrás y personas que han dejado la casa. El principal motivo que nos lleva a hacerlo ahora es el compromiso político que asumimos haciendo que la información sobre lo que ha pasado circule y así posibilitar que las personas y colectivos que tienen posicionamientos de rechazo frente a las agresiones sexistas, sepan de estos casos y puedan tomar partido al respecto.
No queremos que la lectura de este comunicado se reduzca a la postura cómoda y simplista de condenar los hechos sin antes hacer una crítica en primera persona entorno a la manera de relacionarnos. Lo que supone que se perpetúen actitudes similares a las que aquí hemos decidido NO TOLERAR.
En esta línea, algunas de las personas que hemos vivido el proceso desde la vivienda de Barrilonia estamos elaborando un material escrito de reflexión y análisis sobre cómo se han gestionado estas agresiones y los diferentes posicionamientos que han surgido dentro de la casa con intención de publicarlo más adelante.

Asamblea de Vivenda de Barrilonia
31 de diciembre, 2010
barriloniaksa@gmail.com



------------- català -------------

Comunicat de l’assemblea de vivenda de Barrilònia vers les agressions que s’han donat al nostre entorn: “En todas partes se cuecen Habas”

Des que vam començar a okupar al juny del 2009, hi ha hagut diverses agressions sexuals i sexistes, comeses per persones de l’entorn directament proper a la casa (CSOA) o que en aquell moment hi vivien.
Des de l’assemblea de vivenda de Barrilònia hem pres la decissió de fer públic el següent:
Cesar Zuñiga, membre del CSOA Barrilònia i de la Barrikada Zapatista, va agredir sexualment en moments diferents, durant l’estiu del 2009, a tres companyes que vivien a la casa. Al novembre del mateix any les noies agredides van explicar el que havia passat amb el César en una assemblea de noies de la casa. En el mateix moment es va decidir l’expulsió de la casa del César (que tot i no viure a l’edifici, era molt present a la seva vida comunitària). En comunicar-se-li la decisió, el César va reconèixer l’”assetjatment” a dues de les companyes però no ho va fer amb la tercera agressió, més greu que les altres dues -si caben classificacions- donat l’alt grau de
confiança que hi havia entre ell i la noia agredida i donada la situació de vulnerabilitat en que ella es trobava en el moment de l’agressió (estava dormint). En una assemblea extraordinària de vivenda es va descobrir el doble joc que Cesar estava duent a terme: d’una banda admetia la tercera agressió davant la noia mentre que de l’altra, negava els fets de cara a la gent del seu col·lectiu (Barrikada Zapatista), titllant la mesura de “complot polític” i intentant així salvar la seva imatge i obrir la possibilitat de qüestionar l’acusació d’agressió. Només a partir del moment en que va ser evident aquesta jugada, ell va admetre tots els fets. Des de que es va saber de les agressions per part del César, hi va haver diferents posicionaments dins la casa envers el tema, tant pel que fa a la resposta que com a col·lectiu de vivenda s’ha de donar a les agressions sexistes i/o sexuals, com pel que fa a la possibilitat d’obrir o no un procés de diàleg amb l’agressor. El que es va assumir com a un mínim col·lectiu és que el César no entrés a la casa, mínim que es manté en l’actualitat.
Mesos més tard, a l’abril, el César va fer una petició escrita per a compartir amb la gent de la casa un procés de reflexió sobre el que havia passat, manifestant la voluntat que tenia de “reparar el mal” que havia fet. Després d’una reunió amb ell, es va desestimar la possibilitat d’iniciar un procés de reflexió conjunt, ja que no es va veure que ell tingués cap voluntat real de qüestionar les seves accions i actituds ni de valorar la gravetat de la situació. Tenint en compte, entre altres coses, que en la citada reunió ell posava com a requisit per a iniciar aquesta reflexió comuna la seva readmissió a la vivenda. L’organització interna de Barrilònia funciona de tal manera que el CSOA i la vivenda estan gestionats per assemblees diferents i totalment independents l’una de l’altra (amb poques persones que formin part d’ambdues) i actualment els dos espais estan incomunicats físicament. Així, César està expulsat de la vivenda però a dies d’avui continúa amb la seva normal activitat al CSOA. L’absència de posicionament respecte del tema per part de l’assemblea que gestiona el CSOA és fruit del paper central i de poder del que el César gaudeix en aquest espai; així com de la falta de reflexió envers les agressions sexistes i els rols de gènere per gran part de les persones que formen part del CSOA. Aquests fets li suposen la complicitat i
recolzament que li ha ofert i li ofereix la majoria de la gent del CSOA.
L’altra agressió de la que volem parlar, va ser comesa per part d’en Khalifa, conegut en alguns moviments socials com a ‘El Clandestino’, cantant de hip hop antiracista. A finals de setembre de 2010 una habitant de la casa va exposar a l’assemblea de vivenda l’agressió sexual perpetrada per part d’aquest, tot abusant del moment físic de vulnerabilitat en què es trobava l’agredida i traspassant els límits que ella estava marcant. L’assemblea de la casa va pendre la mesura d’expulsar-lo, seguint la línea en contra de les agressions que estem teixint. La reacció primera del Khalifa va ser negar els fets i pendre una actitud prepotent i de manca d’escolta, sense voler entendre la gravetat de la situació. Uns dies després, el Khalifa i la noia a qui va agredir es van trobar pel carrer i ell li va reconèixer els fets, però va mantenir la seva postura de no considerar-los una agressió. Aquest encontre va derivar en una persecució amb amenaces per part d’ell. L’expulsió tampoc va ser ben rebuda per una part de la gent del centre social que, empatitzant amb la figura de l’agressor i acusant de racista la mesura presa per la casa, van arribar a considerar al mes de novembre l’opció d’acollir-lo al local, tot i que posteriorment es va desestimar.
Donat el llarg i dur procés que s’ha viscut (i que encara continua) a la casa en relació a la posició que cadascú pren enfront de les agressions sexuals i sexistes, no és fins ara que s’ha donat la situació de poder fer pública, com a col·lectiu, tota aquesta història i així escriure aquest comunicat. Aquest procès ha generat greus ruptures internes, conflictes sense marxa enrere i persones que han deixat la casa. El principal motiu que ens duu a fer-ho ara és el compromis polític que asumim de fer que la informació sobre el que ha passat circuli i possibilitar, així, que les persones o col·lectius que tenen posicionaments de rebuig enfront les agressions sexistes sàpiguen d’aquests casos i puguin prendre partit al respecte.
Tammateix volem que la lectura d’aquest comunicat no es redueixi a la postura simplistan i còmoda, valorar greument els fets succeits en aquest espai, però evitant alhora la reflexió en primera persona entorn la manera com ens relacionem. Fet que suposa que es perpetuïn actituds similars a les que aquí hem decidit NO TOLERAR.
En aquesta línea, algunes de les persones que hem viscut el procés desde la vivenda de Barrilonia estem elaborant material escrit de reflexió i anàlisi sobre com s’han gestionat aquestes agressions i les diferents posicions que han sorgit dins de la casa, amb la intenció de publicar-ho més endavant.

Assemblea de Vivenda de Barrilònia
31 de desembre del dos mil deu
barriloniaksa@gmail.com

30/10/2010

Partes de mí que me Asustan

http://alcachofa.pimienta.org
(català, castellano, english)

"Going to places that scare me"
original version in english [pdf] [html]


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"Partes de mí que me Asustan
Reflexiones personales sobre cómo superar la supremacia masculina" [pdf]

Por Chris Crass

Parte 1: ¿Cómo puedo ser machista? ¡Si soy Anarquista!

"¡Cómo que soy un machista!". Me quedé helado. Yo siempre me había comportado de forma normal con las mujeres, y desde luego no era un machito prepotente clásico ni un misógino. "¿Pero cómo puedo ser un machista si soy anarquista?" No pude evitar ponerme a la defensiva, nervioso. Yo creía en la lucha por una sociedad mejor, yo formaba parte de los oprimidos. Los opresores eran los capitalistas, ¿no?, eran ellos quienes se beneficiaban de la injusticia. Cuando pasó esto, en 1993, yo tenía 19 años y llevaba más de 4 de actividad política.

Nilou, acariciando mi mano, me lo intentó explicar con paciencia. "No estoy diciendo que seas un malvado, sólo te estoy diciendo que tienes actitudes sexistas. Mira, hay conductas que son muy claramente machistas, pero a veces el machismo no es tan obvio, es más sutil, sale en los detalles pequeños. A menudo me cortas cuando hablo, y desde luego prestas más atención cundo habla un hombre que cuando lo hace una mujer. El otro día, cuando estábamos tomando un café con Mike, os comportabais como si yo fuera invisible, como si sólo estuviera allí para contemplaros. Un par de veces que intenté participar en la conversación no me hicisteis ni caso, seguisteis como si no hubiera pasado nada. Cuando os reunís unos cuantos hombres, sólo os hacéis caso entre vosotros, si hay una mujer no le prestáis atención. El grupo de estudio se ha convertido en un foro para que los hombres larguen sus rollos sobre este libro y aquel otro, como sabios sentando cátedra, y tod@s tenemos que estar allí mirando y escuchando. Durante mucho tiempo pensé que era mi problema, que si no participaba era porque quizás no tenía nada interesante o útil que decir. Tambien pensé que quizás era una paranoica, que estaba reaccionando de forma estúpida, que el problema exitía solamente en mi cabeza y que tenía que superarlo. Pero entonces me di cuenta de que les sucede lo mismo a otras mujeres del grupo, que es una sensación bastante frecuente. No digo que tú tengas la culpa de todo, pero juegas un papel importante en este grupo, así que eres parte de esta dinámica." Esta conversación cambió mi vida, sigo intentando afrontar el desafío que me marcó, y este artículo es parte de ese proceso.

He escrito este artículo para otros hombres blancos de clase media, con ideas políticas de izquierdas, y que participan de algún modo en movimientos sociales. Quiero tratar el machismo desde mi propia experiencia de enfrentar el sexismo desde un punto de vista emocional y psicológico. He elegido este enfoque porque quiero poner en cuestión la dimensión personal de estos temas, porque creo que es la forma más efectiva de trabajar con otros hombres contra el sexismo, y también porque muchas compañeras con las que trabajamos nos piden que no pasemos por alto estos aspectos. Como escribe Rona Fernández, del Youth Empowerment Center en Oakland, "Hay que animar a quienes tienen privilegios debido a los papeles de género a que examinen el papel de las emociones (o de su ausencia) en la forma en que viven sus privilegios. Digo esto porque pienso que los hombres también sufren bajo el patriarcado, y una de las formas más claras en que el machismo les deshumaniza es su incapacidad de expresar o entender sus emociones." Clare Bayard del grupo Anti-Racism for Global Justice lanza a los hombres la siguiente pregunta: "Si te costó años formar tu conciencia política, ¿por qué piensas que la comprensión emocional es algo innato, que no requiere ningún esfuerzo?"

Este artículo se basa en el trabajo de mujeres, especialmete mujeres negras y latinas, que escriben y trabajan contra el patriarcado en la sociedad y el machismo en los movimientos sociales. El trabajo de Barbara Smith, Gloria Anzaldua, Ella Baker, Patricia Hill Collins, Elizabeth 'Betita' Martinez, Bell Hooks y muchas otras nos ofrece una base de ideas, visiones y estrategias para el trabajo que los hombres blancos debemos llevar a cabo para vencer el machismo. Cada día haya más y más hombres dentro de los movimientos alternativos que luchan contra la supremacía masculina. Muchos de nosotros reconocemos que el patriarcado existe, que gracias a ello tenemos privilegios, que el machismo corroe los fundamentos de nuestros movimientos, y que las mujeres, l@s transexuales y las personas queer ya nos lo han explicado una y otra vez y dicho muy claramente: "los hombres tenéis que hacer algo sobre este tema, tenéis que hablarlo entre vosotros, cuestionaros mutuamente y decidir cómo vais a luchar contra el machismo". Aun así, hay muchos más hombres blancos en los movimientos sociales que se dan cuenta de lo machista que es la sociedad, quizás incluso los propios movimientos, pero no reconocen su participación personal en esta situación.

Lisa Sousa, que es miembro del Centro de Medios Independientes de San Francisco y de AK Press, me contó que en las dicusiones colectivas recientes sobre temas de género había oído muchos hombres hacer comentarios del tipo: "todos sufrimos la opresión", "deberíamos estar hablando sobre la lucha de clases" o "estáis usando el machismo fuera de contexto para atacar a algunas personas". Cuando señaló que muchas mujeres abandonan pronto los grupos en los que los hombres son la mayoría, le contestaron cosas como "los hombres también dejan el grupo, las mujeres no se van más que los hombres, es inevitable que la gente se vaya en grupos de voluntarios", o "sólo tenemos que buscar a otras mujeres, al fin y al cabo no son las únicas del mundo".

Estos comentarios me resultan muy conocidos, y aunque es tentandor distanciarme de los hombre que los hacen, es importante que recuerde que hasta hace poco yo mismo los hacía. Creo en la construcción de movimientos y en la emancipación colectiva, y por eso para mí es muy importante conectar con la gente con la que participo en esta lucha. Como soy una persona privilegiada organizándome con otros privilegiados, ésta conexión significa aprender a valorarme suficientemente como para verme reflejado en gente de la que preferiría distanciarme, a la que sería más fácil denunciar. También significa ser honesto con respecto a mis propias experiencias.

Cuando tuve aquella conversación con Nilou, y ella me explicaba como funcionaba el machismo, recuerdo que tenía que esforzarme para no cerrarme e intentar escucharla.

La palabra "Pero" asaltaba constantemente mi mente, seguida de "fue un malentendido, no era eso lo que quería decir, no pretendía que te sintieses de esa forma, no era eso lo que quería hacer, me hubiese encantado que participases más, no lo entendí, nadie dijo que no quisieran escucharte, todos creemos en la igualdad, te quiero y nunca haría nada para herirte, fueron las circunstancias del momento y no el machismo las que hicieron que le tratase así, no sé qué hacer". Diez años más tarde, me doy cuenta de cuán a menudo me saltan a la cabeza este tipo de excusas y "peros". En mi interior, sigo siendo mucho más parecido a esos "otros" hombres de lo que me gustaría admitir.

Nilou pasó muchas horas hablando conmigo sobre el machismo. Fue increíblemente difícil para mí. Mis opiniones políticas estaban basadas en un marco dualista que definía claramente el bien y el mal. Si era verdad que yo era machista, entonces mi propia comprensión de mí mismo estaba en cuestión, y mi marco para entender la realidad tenía que cambiar. Aunque en aquel momento me sentí fatal, cuando miro atrás me doy cuenta que aquellos fueron momentos de gran crecimiento personal.

Dos semanas más tarde, en el grupo de estudio anarquista, Nilou levantó la mano. "En este grupo está habiendo conductas machistas", y explicó los ejemplos que yo ya conocía. Los cinco hombres en la reunión se pusieron a la defensiva como lo había hecho yo antes. Otras mujeres empezaron a hablar. Pensaban lo mismo sobre cómo estaban funcionando las cosas, y también estaban hartas. Los otros hombres alucinaron y se pusieron a la defensiva, y dimos una lista completa de motivos por los que lo que ellas veían como machismo eran simples malentendidos, percepciones falsas. Con una sinceridad genuina, dijimos "Pero si todos queremos lo mismo, la revolución".

Despues de la reunión, April, la mujer que llevaba más tiempo en el grupo (más de un año), se sentó a hablar conmigo. Me dio ejemplo tras ejemplo de conductas machistas. Los hombres no le confiaban responsabilidades, aunque ella llevase más tiempo en el grupo que muchos de ellos. Nunca se le había considerado para dar información pública sobre el grupo, ni se le había pedido su opinión sobre temas políticos. Algunos hombres se unieron a nuestra conversación y siguieron negando que hubiese machismo en el grupo. Entonces April expuso claramente un ejemplo concreto que me había explicado antes, y los demás afirmaron que era un malentendido. Unos minutos después yo retomé el mismo ejemplo y lo hombres aceptaron, aunque a regañadientes, que quizás en ese caso se trataba de sexismo. April señaló enseguida cómo ellos no habían aceptado sus argumentos o los de Nilou, pero sí los aceptaban cuando eran esgrimidos por mí. Ahí estaba, no quería creer que había machismo en nuestro grupo, pero en ese momento lo vi claramente. Me sentí fatal, como si me hubieran pateado el estómago. ¿Cómo podía estar sucediendo esto que tanto había intentado evitar? Me dio miedo volver a abrir la boca.

Dos meses más tarde, estaba sentado en silencio en un grupo de discusión de hombres. No sabíamos que decir. Estábamos asustados, neviosos, tensos, y no pusimos precisamente muchas enegías en crear un ambiente favorable de discusión sobre el sexismo. Nilou y April nos habían propuesto que pasáramos un día hablando sobre el machismo, y que empezásemos hablando en grupos de hombres y mujeres por separado. Todos nos preguntábamos "¿De qué estarán hablando las mujeres?" Cuando el grupo se reunió de nuevo, la discusión rápidamente tomó un cariz muy crispado, las mujeres se defendían a sí mismas y la forma en que entienden sus propias experiencias. Me sentí fatal y me costó trabajo creer lo que estaba oyendo. Me sentía totalmente perdido y sin la menor idea de cómo avanzar.

Varias personas de distintos sexos se fueron llorando de la discusión bastante pronto, desilusiondas y agobiadas por sentimientos de angustia e incapacidad. Mi madre, que había observado parte de la discusión, nos preguntó si podía decir algo. "Estáis hablando de cuestiones enormes y muy difíciles. Me alegra ver a gente de vuestra edad hablando seriamente de estos temas. Demuestra que realmente creéis en las cosas por las que estáis luchando. Esta conversación no se puede concluir en un sólo día." Noté lo cargado que estaba el ambiente en la habitación cuando nos miramos l@s un@s a l@s otr@s, much@s con lágrimas en los ojos. Estaba claro que luchar contra el machismo iba a suponer más esfuerzo que aprender a mirar a las mujeres también durante las discusiones de grupo. Que era luchar contra un sistema de poder que opera a nivel económico, social, cultural y psicológico, y que mi supuesta superioridad como hombre, que yo había interiorizado tan bien, no era más que la punta de un iceberg construído sobre explotación y opresión.

Parte II: "¿A qué clase historica pertenezco?"

"¿Sabes en que clase estás?" Siendo un hombre blanco de clase media, oí muchas veces esta pregunta en los siete años que estudié Estudios de la Mujer y Estudios Étnicos. En la clase de Historia de las Mujeres Negras, alguien intentó ayudarme a averiguar a dónde tenía que ir.

Entendía muy bien por qué me hacían esa pregunta, y que no sólo se referían a las clases de la Universidad, sino a mi clase social dentro de una sociedad racista, patriarcal, heterosexista y capitalista muy empeñada en mantener un fuerte control social.Yo sabía perfectamente de qué clase social provenía, y que mi relación con los Estudios de la Mujer y Estudios Étnicos era complicada. Sabía que algunas personas no querían que fuera a esas clases, y a otras incluso mi presencia les hacía sentirse incómodas. Pero por otro lado much@s profesor@s y vari@s estudiantes me decían que estaban muy content@s de que estuviese allí. Todo esto me ayudó a darme cuenta de la complejidad de estas luchas y de que no existen respuestas fáciles.

Fui cuatro años a la Universidad Comunitaria y luego a la Universidad del Estado de San Francisco otros tres años más. La mayoría de mis profesor@s eran mujeres y personas negras o latinas. Había crecido en una comunidad segregada, donde gente de distintas etnicidades no se mezclaba, y había tenido pocos modelos de referencia, profesores o figuras de autoridad que no fuesen blanc@s.

Lo que leí y estudié en la Universidad - el feminismo de las mujeres negras, la lucha por la liberación negra, historia de l@s chican@s, colonialismo desde el punto de vista de l@s indígenas american@s, historia de lo movimientos obreros, teoría queer, antirracismo desde la perspectiva de las mujeres immigrantes y refugiadas - tuvo un profundo impacto en mí. Sin embargo, el hecho de que las personas que me instruyeron y guiaron fuesen personas de color, y mujeres de color en particular, tuvo una importancia increíble para mi desarrollo a unos niveles psicológicos de los que yo en aquel momento no era consciente. El que fueran personas de color y mujeres con ideas políticas radicales quienes guiaron mi desarrollo educativo era una subversión enorme de las relaciones de poder, y fue una de las partes más importantes en mis estudios aunque no formase parte de ninguna asignatura.

Estudiar en un ambiente donde las mujeres y las personas de color eran la mayoría también tuvo un gran impacto en mí, pues era la primera vez en mi vida en la que estaba en la minoría por motivos de raza y género. De pronto las cuestiones raciales y de género ya no eran un tema más entre tantos otros, sino aspectos centrales en la forma de entender y concebir el mundo. Previamente me había preguntado a menudo, y en silencio, por qué hay que hablar constantemente sobre género y raza; ahora sin embargo la pregunta se había invertido: ¿cómo es posible que no pensemos en estos temas de forma cotidiana?

Con el tiempo desarrollé una estrategia para las clases. Durante el primer mes intentaba ser discreto, esforzándome en escuchar atentamente a l@s demás. En la primera semana hacía algún comentario para distanciarme claramente del machismo y el racismo, y a veces también del capitalismo, como sistemas de opresión que están a mi favor; esto normalmente generaba reacciones de sorpresa y alivio. Escuchando a mis compañer@s, abriéndome a sus historias y perspectivas, empezaba a merecer su confianza y a participar más en los debates. Esta estrategia tenía como meta luchar contra mis conductas machistas, pero también presentarme a l@s demás de una manera más abierta.

Otra parte de la estrategia consistía en provocar debates sobre estos temas en mis clases de Civilización Occidental, Ciencias Políticas y otras asignaturas en las que participaban alumn@s que cursaban distintas carreras y donde casi tod@s l@s alumn@s eran hombres blancos. L@s compañer@s de color y las mujeres con quienes estudiaba tenían muy claro que esta era una responsabilidad que sentían que yo debía asumir. "Esperan esos comentarios de nosotr@s, y los desprecian como productos de la rabia, las emociones, o del victimismo. Tienes que usar tus privilegios para que ser escuchado por los hombres y la gente blanca." El objetivo no era necesariamente cambir la opinión del/de la profesor/a, sino abrir espacios de diálogo crítico sobre género, racismo y clase social con l@s otr@s estudiantes. Ésto también fue un valioso aprendizaje para mí, pues a menudo di la impresión a l@s demás estudiantes de que era una persona fría, cabreada, dogmática, sermoneadora y a veces insegura en mis ideas, lo cual no resultaba muy útil. Si mi objetivo hubiera sido poner verdes a los hombres y l@s blanc@s para aliviar sentimientos de culpa y vergüenza por ser un varón blanco, entonces a lo mejor estaba aplicando las tácticas adecuadas. Pero para que otras personas se identificaran con el antiracismo y el feminismo, tenía que ser más inteligente y honesto conmigo mismo.

Crecí pensando que yo era un individuo recorriendo mi propio camino linear de progresión, sin un pasado por detrás. La historia era para mí un conjunto de datos y fechas interesantes, pero sin ninguna conexión clara con mi vida. Yo era una persona en mi propio mundo. Entonces comencé a aprender que ser blanco, varón, de clase media, sin discapacidades físicas, casi siempre heterosexual y ciudadano de Estados Unidos no sólo significa que tengo ciertos privilegios, sino que además me da un pasado. Yo formo parte de categorías sociales - blanco, varón, heterosexual y de clase media, grupos creados y moldeados por la historia -, que son considerados el patrón de la "normalidad", a partir del cual las otras personas son juzgadas. A la imagen que tenía de mi identidad individual, de ser "mi propia persona", se le unieron las imágenes de barcos de esclav@s, de comunidades indígenas arrasadas y quemadas, de familias destruidas, de violencia contra las mujeres, de hombres blancos de las clases dominantes usando a hombres blancos pobres para colonizar a las mujeres blancas, de personas de color y de la Tierra.

Recuerdo estar sentado en una clase de Historia de la Mujer Afroamericana, siendo una de las dos únicas personas blancas y uno de los dos únicos hombres entre 15 mujeres negras, siendo el único hombre blanco. Estábamos estudiando la esclavitud, a Ida B. Wells y su campaña contra las violaciones sistemáticas de africanas esclavizadas por sus amos blancos, millones de violaciones que fueron amparadas y protegidas por la ley, mientras cientos de hombres negros eran linchados con la excusa de proteger a las mujeres blancas de los violadores negros. Me quedé sentado cabizbajo, sintiendo la historia en las lágrimas de mis ojos y las náuseas de mi estómago. ¿Quiénes fueron esos hombres blancos, qué sentían sobre sí mismos? Me daba miedo y vergüenza mirar a la cara a las mujeres negras de la clase. "Aunque existe la mezcla de razas por amor", dijo la profesora, "nuestro pueblo es de tantas tonalidades diferentes de negro debido a generaciones y generaciones de violación institucionalizada". ¿Quién soy yo y qué siento sobre mí mismo?

Parte III:"Esta es mi lucha"

"No tengo la menor idea de qué papel en la revolución podrían jugar los hombres blancos heterosexuales, ya que son la base y el cuerpo del sistema de poder reaccionario" - Robin Morgan, en la introducción de "Sisterhood is Powerful".

A veces experimento periodos de odio hacia mí mismo, me siento culpable, tengo miedo. Cuando esto ocurre, sé y siento que tengo un papel que cumplir en la lucha por la liberación, y sé por mi propia experiencia que puedo hacer muchas cosas útiles, pero aun así no puedo parar de preguntarme: "¿no me estaré engañando?" Lo tengo claro, la cita de Robin Morgan es un buen reto con el que luchar, pero no vale la pena quedarse atrapado en él.

Crecí creyendo que tenía derecho a todo. Que podía ir a donde me apeteciera y hacer lo que quisiera, y que en cualquier sitio sería valorado y necesitado. El patriarcado y el heterosexismo me enseñaron, de maneras sutiles y a veces también brutales, que yo tenía derecho al cuerpo de las mujeres, a tomar mi espacio y a expresar mis opiniones e ideas cuando yo quisiera, sin tener en cuenta a l@s demás. Este es un proceso de socialización muy diferente del de la mayoría de la gente en esta sociedad, a quienes se les obliga a callarse, a comerse sus marrones, a esconder o disimular quiénes son, a quitarse del camino y a no olvidar nunca que deben dar gracias por el simple hecho de existir. Creo que es sano no presuponer que siempre eres necesario, aprender a compartir el espacio y el poder, y trabajar con otras personas para encontrar el papel que puedes cumplir. Lo que no es nada sano es lo que raro que es que los privilegiados por su género hablen de estos temas y se apoyen mutuamente en este proceso de liberación.

Laura Close, una activista de Students for Unity en Portland, habla de este tema en su ensayo "Hombres en el Movimiento": "Cada día hay hombres jóvenes que deciden vincularse a movimientos sociales, y se encuentran con debates políticos sobre el machismo que les culpabilizan y silencian, sin que nadie les apoye en la tarea de descolonizar sus mentes y cambiar su forma de pensar. Imagínate si otros chicos con más experiencia política se fuesen a tomar un café con los recien llegados para hablar de su experiencia como hombres dentro del movimiento, de lo que han aprendido. Imagínate el buen clima que se generaría entre los hombres si se dieran apoyo y reconocimiento mutuo al hacer progresos en su lucha contra el sexismo."

Laura Close animaba a los hombres del movimiento a que acompañasen a otros hombres para involucrarse en el antisexismo. Yo sabía que ella tenía razón, pero la simple idea de hacerlo me ponía nervioso. Tenía un montón de amigos con privilegios por su género, pero me aterrorizaba comprometerme políticamente a destaparme y explicarles mis problemas para luchar contra el machismo. Era capaz de denunciar públicamente el patriarcado e intentar convencer a otros hombres de vez en cuando, pero ¿me sentía capaz de ser honesto respecto a mi propio sexismo, de conectar el análisis y la práctica política con mis propias emociones y procesos psicológicos, de ser vulnerable?

Un momento. ¿Vulnerable a qué? ¿Recordáis que en las clases de Estudios de la Mujer yo afirmaba estar en contra del patriarcado, el racismo y el capitalismo? El nivel de conciencia entre mis compañeros de Universidad sobre feminismo (por no hablar de su compromiso) era tan bajo, que el simple hecho de leer un libro feminista y decir de vez en cuando "reconozco que existe el sexismo" ya me situaba muy por delante de ellos. Aunque el nivel de conciencia y compromiso entre los activistas de movimientos sociales es mayor, tampoco lo es mucho más. Hay dos cosas que me han preocupado seriamente a lo largo de mi vida política: la voluntad genuina de comprometerme totalmente con mis ideas, y un profundo miedo de no estar llengado ni de lejos a alcanzar ese compromiso. Me resulta muchísimo más fácil hacer declaraciones contra el patriarcado en clase, en reuniones políticas y en mis escritos que practicar la política feminista a las relaciones con mis amig@s, mi familia o mis compañeras. Especialmente cuando los hombres del mundillo político, como yo, nos tomamos tan poco tiempo para hablar entre nosotros del tema.

¿Qué es lo que me da miedo reconocer? Que cada día me tengo que esforzar por escuchar las voces que identifico como femeninas. Que sé que mi mente es más rápida que yo. Que sé que mi primera reacción es tomar más en serio las opiniones de los hombres. Que sé que cuando entro en una reunión, no puedo evitar dividir a la gente en jerarquías de estátus (por el tiempo que llevan activ@s, por los grupos de que han formado parte, por lo que han escrito y dónde ha sido publicado, por quiénes son sus amig@s). Me comparo con los ell@s y siento más competitividad contra los otros hombres. Con quienes identifico como mujeres la jerarquización es parecida, pero además el atractivo sexual entra en las categorías de mi mentalidad heterosexual. ¿Qué son la atracción sexual y el deseo sanos, y cómo se mezclan o cómo sobreviven a mi conducta aprendida de sexualizar sistemáticamente a todas las mujeres a mi alrededor? Este problema se ve amplificado por la realidad diaria de que esta sociedad presenta a las mujeres como cuerpos sin voz, prestos a satisfacer los deseos de los hombres heterrosexuales, esto está claro. ¿Pero qué implicaciones tiene todo esto en mi forma de comunicarme con mis compañeras de trabajo, de lucha o sentimentales? ¿Cómo se traduce en mi forma de hacer el amor, de necesitar , expresar o de conceptualizar el amor y el cariño? No hablo de si doy sexo oral a mi compañera, o si le digo que le quiero. Hablo de si realmente valoro la equidad en nuestras relaciones por encima de correrme con regularidad.

Soy consciente de que casi nunca he perdido mi concentración sobre lo que un hombre me está diciendo por tener pensamientos sexuales sobre él. Sin embargo, a menudo me he sorprendido despistado por estar teniendo pensamientos sexuales mientras hablaban mujeres, mujeres que son grandes organizadoras, mis amigas, mis compañeras. Estoy totalmente a favor de la pasión, del deseo sexual sano y de la política a favor del sexo, ese no es el problema. Lo que resulta problemático es el poder, el "derecho" que muchos hombres sentimos tener de tratar a las mujeres como objetos sexuales, la marginalización de la participación de las mujeres por el flitro del deseo masculino heterosexual. Y preferiría no ponerme a la defensiva tan frecuentemente, pero lo hago. Me frustro y me cierro cuando discuto con mi pareja sobre cómo funciona el poder entre nosotr@s. También cuando hablamos sobre como nos relacionamos con el resto del mundo y la forma en que esto influye en nuestra relación. Sé que a veces digo "está bien, voy a pensar más sobre el tema" cuando en realidad pienso "déjame tranquilo."

Esto no es una confesión para ser perdonado. Es una lucha continua para ser sincero sobre las profundas influencias del patriarcado en mi personalidad. El patriarcado me atormenta. Estoy lleno de dudas sobre si seré algún día capaz de amar honesta y sanamente. Sobre mi capacidad de sincerarme y conectar conmigo mismo para poder abrirme y compartir. Sobre si podré construir y compartir genuinamente,de igual a igual, con otras personas. Puedo ver las cicatrices del patriarcado en cada una de las personas con las que me relaciono, y cuando me obligo a observarlas y a tomarme tiempo para pensar en ello, me lleno de rabia y tristeza. Bell Hooks, en su libro "Todo sobre el Amor", dice que el amor es imposible cuando hay una voluntad de dominar. ¿Puedo realmente amar? Quiero creer que sí. Que es posible a través de prácticas políticas para los hombres blancos generadas en oposición al patriarcado.

Creo que es en la lucha contra la opresión, en la práctica de nuestros compromisos, donde realizamos y expresamos nuestras cualidades humanas más valiosas. Hay momentos, experiencias y situaciones cuando veo que nos enfrentamos colectivamente al patriarcado, y eso demuestra de lo que somos capaces. Creo que ésta es una labor para toda la vida, y que en el fondo es también parte de la lucha por rescatar nuestras propias vidas. Y en esta lucha nos damos cuenta de que incluso frente a estos sistemas de opresión tan poderosos, nuestra capacidad de amar, nuestra belleza, nuestro pasión, nuestra creatividad, nuestra pasión, nuestra dignidad y nuestro poder crecen. Podemos hacerlo.

Posdata: "Trabajar para que esta lucha sea concreta y efectiva"

Aunque es necesario trabajar en temas psicológicos y emocionales duros, también hay infinidad de pasos concretos que se pueden dar en la lucha contra el machismo.

Una activista de la lucha por la liberación de Palestina me escribió proponiendo "algunas cosas que pueden hacer los hombres: ofrecerse a tomar actas en las reuniones, encargarse de los lugares de reunión, cuidar a l@s niñ@s, hacer fotocopias o cualquier otra cosa aparentemente poco glamurosa. Animar a las mujeres y otras personas discriminadas por su género a que asuman las funciones que normalmente toman los hombres (como proponer tácticas y estrategias, representar al grupo, moderar reuniones). Explicar por qué piensas que estaría bien que lo hicieran. Ser consciente de a quién escuchas más y controlar tus ansias de protagonismo."

Ella es una de las miles de mujeres y otras personas discriminadas por su género que han descrito pasos claros y concretos que los hombres pueden dar para acabar con el machismo y trabajar por su liberación. Hay un montón de cosas que se pueden hacer. La pregunta importante para mí es qué condiciones son necesarias para tomar este trabajo en serio, priorizarlo y darle seguimiento. Además de hablar con otros hombres del tema, también es importante que nos cuidemos mutuamente los unos a los otros para que todos cumplamos la parte que nos toca. Hay muchos temas emocionales complejos que surgen en el camino y es importante ayudarnos mutuamente para no perdernos y seguir dando pasos hacia adelante. Nos podemos preguntar, por ejemplo, cómo estamos apoyando la igualdad de mujeres, qué estamos haciendo para compartir la responsabilidad y el poder en nuestra organización, cómo estamos mejorando nuestra apertura a que las mujeres nos digan lo que piensan de nuestro trabajo, etc.

Cada una de estas preguntas genera los siguientes pasos que podemos tomar. Examinar y desafiar nuestros privilegios es necesario, pero no suficiente. La cooperación entre hombres para superar la supremacía masculina es sólo una entre muchas estrategias necesarias para desarrollar un movimiento de liberación desde la mujer, multiracial, antiracista, feminista, de liberación homo y transsexual, desde las clases trabajadoras y anticapitalista, para la liberación colectiva. Sabemos que el machismo funciona como obstáculo contra la construcción de este movimiento. La pregunta es qué harmos para evitarlo, para que el proceso crezca en nuestro interior, y con él nuestra capacidad para amarnos a nosotros mismos y a otras personas.

Pistas para tíos blancos que trabajan por el cambio social y para otra gente socializada en un sistema basado en la dominación

Observa bien quién está en las reuniones - cuántos hombres, cuántas mujeres, cuánta gente blanca, cuánta gente del Sur, si se da por supuesto que la mayoría son heterosexuales, si hay gente que no lo es y está fuera del armario, de qué clase social proviene la gente.

No supongas que conoces a la gente, esfuérzate en ser más consciente.

Cuenta las veces que hablas y calcula cuánto tiempo.

Cuenta las veces que otra gente habla y calcula cuánto tiempo.

Sé consciente de la frecuencia con la que escuchas activamente lo que otra gente dice en lugar de esperar tu turno o pensar en lo que vas a decir la próxima vez.

Haz alguna vez el ejercicio de ir a reuniones con el fin de escuchar y aprender; ve a alguna reunión y no hables.

Cuenta las veces que propones ideas al grupo. Cuenta las veces que apoyas las ideas de otra gente para el grupo.

Haz el ejercicio de apoyar a otra gente pidiéndoles que expliquen en más profundidad sus ideas y propuestas, antes de decidir si las apoyas o no.

Piensa en quienes reciben reconocimiento por su trabajo y contribución al grupo. Muestra ese reconocimiento por el trabajo de más personas y hazlo más a menudo.

Pregunta más a menudo a otra gente qué piensan sobre las reuniones, las ideas, las acciones, las estrategias y visiones. Los tíos blancos tienen una fuerte tendencia a hablar entre ellos y desarrollar vínculos fuertes que se manifiestan en la organización. Esto crea una cultura organizativa interna que resulta alienante para la mayoría de la gente. Desarrollar respeto y solidaridad a través de divisiones de etnicidad, cultura, clase, género y sexualidad es complejo y difícil, pero totalmente necesario, y también liberador y satisfactorio.

Sé consciente de cuántas veces hablas para pedir a otra gente que haga cosas en comparación con preguntar a otra gente lo que hay que hacer.

Piensa en serio sobre la expresión "serás necesario en el movimiento cuando te des cuenta de que no eres necesario en el movimiento".

Recuerda que el cambio social es un proceso, y que nuestra transformación y liberación individual está profundamente conectada con la transformación y liberación social. La vida es profundamente compleja y está llena de contradicciones.

Esta lista no está dirigida solamente a tíos blancos, ni intenta reducirnos a todos en una sola categoría. Su intención es interferir en las formas de dominación que hieren nuestros movimientos, y que nos hieren como personas. Los tíos blancos tenemos mucho trabajo por delante, pero es un tipo de trabajo muy satisfactorio si de verdad nos tomamos en serio la igualdad, y si desarrollamos nuestro deseo de alcanzarla.

Las formas cotidianas de dominación son la cola que mantiene unidos los sistemas jerárquicos. La lucha contra el capitalismo, el racismo, el patriarcado, el heterosexismo y el estado, es también la lucha por la liberación colectiva.

Nadie es libre hasta que tod@s lo seamos.

12/12/2009

Agressions machistes dans le mouvement - en espagnol

www.alasbarricadas.org

Agresiones y violencia machista en el movimiento: ¿Algo ya superado?

Estamos en un punto en el que las reflexiones en torno a las agresiones sexistas en espacios liberados es prácticamente nula. Esto sucede porque por un lado, se parte de la premisa errónea de que como somos anarquistas, automáticamente estamos libres de este tipo de lacras. Sin embargo, son actitudes e ideas asumidas que no se eliminan automáticamente, sino que hay que hacer un esfuerzo por trabajarlas. Y para hacer este esfuerzo hemos de darnos cuenta de ellas en vez de rechazar de plano que tengamos esas actitudes, deberíamos hacer un ejercicio de introspección, para ver cuáles son las actitudes que contribuyen a mantener este estado actual de las cosas para poder combatirlas. Si las negamos sin haber hecho esto, lo único que haremos será maquillarlas, o tener actitudes permisibles de cara a la galería, pero no habremos cambiado de raíz nuestros comportamientos.

Por otro lado, desde que en los medios e instituciones se comienza a tocar el tema, parece que la sobredosis informativa acerca de casos de malos tratos y demás, el tema aburre. Ya está suficientemente tratado y no hay que darle más vueltas. Además de esa falsa sensación de que esto tan horrible que sucede, ocurre “fuera de nuestras fronteras”. El problema no es nuestro, ya que nosotres somos anarquistas, y en nuestros círculos no se puede dar. Sin embargo, somos hombres o mujeres cada día, cada minuto y cada segundo de nuestra vida, y cada vez que nos relacionamos con otras personas (o incluso con nosotrxs mismxs, en nuestra percepción de la realidad) dejamos constancia de cómo asumimos nuestro rol de género.

La reflexión sobre las agresiones en nuestros espacios se genera (la mayoría de las veces, por no decir todas...) en grupos de mujeres y lesbianas. Su incidencia en grupos mixtos es residual. Seguimos tratando el tema como algo que afecta sólo a las mujeres. Es cierto que somos las que recibimos la peor parte, pero esto nos afecta a todxs, seamos agredidas o agresores precisamente por ese rol que jugamos y que muchas veces nos vemos reacios a plantear.

Y es precisamente este rol el que tenemos que observar, plantear, criticar, reflexionar sobre ello. Cómo nos afecta aplicar un rol “que se supone no nuestro”. Cómo influye el resto de la sociedad, en el sentido de que en ocasiones tenemos una lucha interna con nosotras mismas porque no sabemos si “nos estamos pasando de feministas”, al colocarnos un espejo deformado de “feministas histéricas” cuando algo nos cabrea porque nos afecta directamente. No se puede pasar por alto, no podemos perder de vista que estamos hablando de relaciones de poder desequilibradas y desiguales de partida, de dominación, de opresión.

El hombre (incluido el hombre anarquista) parte de una situación privilegiada con respecto a la mujer. En su mano está pues contribuir a perpetuar esos privilegios o no. Esa contribución puede no ser, o ser chiquita, o ser grande: ignorando, despreciando, ninguneando, invisibilizando, cosificando, acosando, abusando, agrediendo, maltratando...

Desgraciadamente, nuestras relaciones y nuestros espacios no están exentos de estos intentos de abuso de poder. Cada X tiempo sale a la palestra un nuevo episodio de agresión o acoso, por no hablar de todos aquellos (la mayoría) que se silencian. En general, en el momento que una persona decide hacer público que ha sido víctima de una agresión, colectivamente, no reaccionamos, no sabemos reaccionar o no queremos reaccionar... se tiende a invisibilizar, evitar, eludir... se habla de ello como un asunto “privado”, como algo muy complicado, delicado, dándonos una excusa para mantenernos al margen.

Cuesta aceptar la agresión como tal, porque en nuestro imaginario, los agresores son psicópatas, enfermos que acechan en callejones oscuros o esperan agazapados en el portal, sin embargo el 90% de las agresiones sexuales se produce en espacios de confianza. Hemos generado un esteriotipo de agresor que a la hora de la verdad cuesta ver reflejado en nuestrxs compañerxs. Nos hemos llenado de frases y de dibujos de mujeres golpeando en los testículos a hombres agresores. Y esto es fácil de cumplir cuando no hay lazos de ningún tipo con el agresor. Tendemos a pensar que las violaciones se dan por agresores anónimos, para los que la única herramienta de la que disponemos es la autodefensa.

Pero ¿qué sucede cuando estas dinámicas se dan entre personas con lazos de unión, ya sea de compañerxs o de amistad, u otras? pues que no sirve la autodefensa, porque no puedes golpear a quien aprecias. Es necesario otro trabajo ante esto. Un trabajo con varios enfoques, porque podemos ser agredidas, podemos ser agresores, o podemos ser cómplices.

Cuando el modelo de agresor que tenemos es un demonio con cuernos y rabo, es fácil aplicarle este modelo a un agresor desconocido, o a alguien que de por sí te cae mal, y entonces darle una patada en los huevos. Pero cuando ese agresor resulta ser una persona que comparte espacio y trabajo contigo, a quien tienes aprecio, cuando debes aplicar ese modelo a un chico que puede ser encantador, con gran sentido del humor, estar muy implicado en diversos temas sociales, la primera reacción es de “no puedo creérmelo”. Y de alguna forma resulta más fácil y más creíble pensar en una “feminista histérica exagerada” que en un “compañero agresor”. Buscamos formas de entenderlo como un malentendido, como algo no tan grave, para intentar evitar todo el esfuerzo que supone enfrentarse a ello (X no puede hacer eso, simplemente no puede ser). De esta forma, esta resistencia a asumir la agresión en nuestro ambiente, movimiento, relaciones, centros, lugares, nos lleva a minimizar, excusar, justificar, dar una explicación alternativa de los hechos, cuestionando de esta manera a la persona agredida.

Y quizás la solución no sea siempre una patada en los cojones. Si nos debatimos entre darle una paliza o mirar hacia otro lado, normalmente elegimos mirar hacia otro lado, es un mecanismo de autodefensa para no tener que aceptar "la monstruosidad de alguien cercano". Pero quizás debamos descubrir otras vías. Quizás exista la posibilidad de acercarnos a ese amigo de quien descubrimos un reverso tenebroso y hacerle ver que su actitud es despreciable, pero que estamos dispuestxs a ayudarle para cambiar su actitud. Si le da igual y lo que le importa es mantener su imagen, podremos pasar a la opción de darle de lado, crearle un vacío, o incluso volver a la clásica patada en los testículos. Pero si somos anarquistas, deberíamos estar por la nunca fácil opción de recurrir primero a otras medidas antes que a la mera represión. Proponer el planteamiento y la ayuda para que el agresor asuma el rol que ha estado llevando y se despegue de él.

No tenemos recetas mágicas pero creemos que hay que intentarlo. De lo contrario, al menos ser consecuentes, y mostrar ese rechazo abiertamente, y siempre. Pero seamos realistas, ésto no suele suceder, porque es más sencillo excusar a un amigo que admitir que pueda tener un comportamiento tan insano.

Cuesta aceptar la agresión como tal, porque asumir que uno de nosotros es un agresor es asumir que todos somos agresores potenciales. Precisamente, aceptar que todxs llevamos un agresor dentro, o alguien que facilita el camino hacia las agresiones, es enfrentar nuestro modelo de comportamiento con lo que no nos gusta ver de nosotrxs mismxs. Nos gusta vernos diferentes, vernos distintos a esa sociedad a la que criticamos, y darnos cuenta de estos fallos supone, de nuevo, volver a tocar con los pies en la tierra: ver nuestros errores, todas esas cosas que preferimos dejar pasar para poder mantener la armonía, todas esas actitudes a las que le restamos importancia y darnos cuenta de que pueden tener más importancia de la que le damos. Y entonces, enfrentarnos a esa estigmatización de “feminista histérica” por el hecho de querer plantearnos algo que aparece como normalizado.

Cuesta aceptar la agresión como tal, porque pone de relieve las fuertes carencias existentes alrededor de este tema mientras actuamos como si estuviera superadísimo. Porque supone una autocrítica muy fuerte, tener que volver a trabajar un tema que muchxs querrríamos pensar que está superado. No asumimos la agresión por el coste político que pueda acarrear, preferimos silenciarla tratando de eludir la crítica externa... incluso nos puede parecer de lo más inoportuno que alguien decida hacer públicas ese tipo de cuestiones en vez de lavar los trapos sucios en casa...

Asumir públicamente la agresión parece que invalide todos los proyectos que se llevan a cabo, como si un enorme castillo de naipes se desmoronase. Que además será y es usado por otros colectivos "rivales" para atacarnos. Que será una brecha por la que se debilitará todo aquello por lo que trabajamos. De cara a la galería es mejor mostrar que nada sucede, prque las consecuencias pueden ser penosas para todo el colectivo. Es importante mostrar una apariencia de perfección y normalidad antes que asumir públicamente que ha sucedido una agresión y pensar hasta qué punto se ha permitido esa agresión. Pero al actuar así, más tarde tendremos que trabajar sobre porqué hemos permitido que esa agresión quede silenciada, porqué, una vez más, hemos allanado ese camino hacia futuras agresiones, cuando la solución es enfrentar lo sucedido lo antes posible.

Las agresiones más visibles sólo son la punta del iceberg de una serie de pautas asumidas que muchas veces ni siquiera vemos. Por lo tanto, silenciando esas agresiones sólo conseguimos tapar los síntomas... síntomas de que algo dentro está enfermando. Los síntomas están ahí para que nos fijemos en ellos y hagamos frente a una enfermedad. Por algo como militantes hablamos de soluciones radicales (que van a la raíz del problema) y no de soluciones sintomáticas.

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et quelques fanzines ou livres en castillan et en catalan



Plantemos cara a las agresiones sexistas en los espacios liberados. Herramienta de trabajo para partir de una base a la hora de afrontar las agresiones sexistas partiendo de dos debates mantenidos en el CSOA La Revoltosa. Guía pedagógica para trabajar en colectivo las agresiones sexistas. Barcelona, 2008.

Apoyo. Zine para apoyar personas que han sido abusadas sexualmente. Aquí no vas a encontrar fórmulas ni simples respuestas, sino un esfuerzo que trata de pelar las capas del corazón, del dolor, del temor y de la soledad para quien no tiene ayuda y se siente fracasado. ¿Cómo tenemos que salir a través de esto? ¿Qué tenemos que aprender? ¿Cómo tenemos que crecer? ¿Qué tenemos que enseñar a otros? Todas son preguntas que se exploran en este zine. Cindy Crabb. 2008.

La Gota (que fa vessar el got). Reflexions sobre el sexisme als moviments socials: comunicats i textos sobre el procés de la Torna davant d'una agressió. Barcelona. 2009

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Enfin, quelques textes téléchargeables en ligne, en castillan toujours

¿Qué pasó en Antracita?. Recopilación de textos sobre el violador Txema. Madrid 1997 (10 pag)[Que s'est-il passé à Antracita. Recueil de textes sur le violeur Txema. Madrid 1997 (10 pages)] - bajar/télécharger

¿Quién teme a los procesos colectivos?. Apuntes críticos sobre la gestión de la violencia de género en los movimientos sociales. Marzo 2007. Texto a cargo de Las Afines. (4 pag)[Qui a peur des processus collectifs? Apports critiques sur la gestion des violences genrées dans les mouvements sociaux. Mars 2007. Groupe las Afines (4 pages)] bajar/télécharger

d'autres textes féministes en castillan à télécharger ici

25/10/2009

Traduction en catalan



très vite en français, en anglais, en italien, en allemand, en polonais... en attendant la suite

31/03/2009

D.I.L.D.O

On m'a envoyé des brochures papier en espagnol et en catalan sur les violences sexistes dans les mouvements sociaux que je vais essayer de photocopier et diffuser. (celles que ça intéresse, me contacter par mail)
* Sobre violencia en los movimientos sociales. Las Afines
* La Tiranía de la falta de estructuras. Joo Freeman
* La no violencia es patriarcal. Peter Gelderloos
* Tijeras para todas. Varios textos BCN
* Torres más grandes hemos visto caer
* Sobre violencia sexista en MMSS. CSO La Revoltosa, Bcn

D.I.L.D.O = dones i lesbianes documentant-se
distri de feministes i lesbianes del País València

La nostra idea és fer difusió del pensament feminista d’una manera no-comercial i autogestionada en espais polítics afins per tal de facilitar i promoure el discurs i el debat feminista i anticapitalista.

Partim del qüestionament de les estructures patriarcals, sostingudes en la construcció dels rols de gènere “dona” i “home”. Aquestes identitats de gènere, que responen a la necessitat de la norma heterosexual, no venen donades d’una natura essencial, d’un destí biològic, sinó de fet d’una construcció social la qual s’imposa sobre els cossos. D’aquí que aquesta bipolaritat, malgrat ser construïda i no determinant, té conseqüències materials i molt “reals” sobre les dones i sobre totes aquelles sexualitats que no responen a la heteronormativitat imposada. Aquests interessos de dominació (hetero)sexista venen articulats en la nostra societat amb els interessos capitalistes d’explotació i dominació contra grups amb diferents marques d’opressió, i especialment contra les dones, que continuen sostenint gran part de la economia submergida (treball domèstic i de cura, salaris més baixos, triple jornada laboral...)

Qüestionem les identitats fixes i contraposades home-dona, hetero-homo... que reflexen un pensament dualista típicament occidental i opressor. Ni el genere ni la sexualitat esgoten la definició de les nostres identitats conformades per múltiples factors.

Volem crear espais i moments possibilitadors i transformadors més enllà d’aquests esquemes rígids generadors de tanta violència, des de la lluita col•lectiva, autònoma i responsable amb les opressions que ens atravessen.

En la nostra distri podràs trobar des de textos clàssics i per a nosaltres claus del feminisme, fins a material que es va autoproduint a partir de les nostres necessitats de fer política feminista. Entenem que no hi ha divisió entre la teoria i la pràctica.

Volem donar veu a la producció feta per dones i lesbianes, i sobre tot, potenciar tot aquell pensament que es doni des del qüestionament de la heteronormativitat i del patriarcat.